sábado, 8 de noviembre de 2025

 

PRESAGIO

 


Te di mi vida y mis sentidos,

además de mis pensamientos.

 

Te di mis suspiros y hasta mi respirar.

 

Te di todo lo que era mío,

“y vos, solo me has dado dolor al corazón”.

 

Es injusta la vida por querer amarte,

y pervertida con todo aquello que creí justo.

Has quebrado los sentimientos de mi alma,

porque nada me has dejado,

y me has dejado desguarnecido con mi entereza maltrecha.

.

Aplaudía tus palabras que ahora no son tuyas.

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor

viernes, 7 de noviembre de 2025

 LA RESPUESTA ETERNA DEL SILENCIO


Sentados uno frente a otro, nos tomamos de la mano, nos miramos a los ojos. Las sonrisas fueron mutuas. Recostaste la cabeza sobre tu hombro, me seguiste mirando sin pestañar.
Te observé con alegría, tristeza, miedo, y todo lo que produce un amor casi enfermizo. Me punzaba el pecho el saber que te alejabas, no entendía por qué me habías dicho que no podías estar más a mi lado. La tortura del pensamiento y el dolor se mezclaban e hicieron que mis ojos se pusieran brillosos. Respiré muy profundo como pude, con la voz entrecortada, y con miedo.
Te pregunté: “¿Y ya no me quieres?”.
Y tu respuesta fue eterna. El silencio acariciaba mi frente. Sentía que no quería escuchar lo que tus labios rojos expresarían. Apreté más fuerte tus manos, bajé la mirada hacia un costado, busqué refugio en esa flor que en otro momento era bella. Tuve frío, calor, ya no sabía qué sentía. O sí: desesperación al darme cuenta de que mi corazón empezaba a estar solo, de que mi cuerpo no estaría tocando el tuyo.
Confundido, enojado (y sin soltarte) desafiándote, reclamé por tu amor. Tu gesto fue uno solo: dejaste la sonrisa y la mirada tierna, y dibujaste la parquedad en un instante diciéndome: “No tengo amor, ya no me importa”.
Se paralizaron los sentidos, se aquietó el lugar. Nada se movía, solamente mis ojos sobre tu cara, mis manos ya solas en dos puños, con dolor. Callaste… Fríamente, mirabas mis vergüenzas producidas por mis sentimientos engañados. Mordí mis labios y tú nada decías.
La pausa hablaba con mi alma. Una turbulencia de conjeturas y explicaciones se expandían en mis entrañas. No sabía qué decirte, qué más preguntar. No quería culparte, pero no era la forma ni tampoco la manera (de terminar).
El silencio se puso a conversar con el tiempo que pasó, y todo seguía igual: yo parado frente a ti, tú sentada sin cambiar tu postura, y yo solo percibía tu indiferencia.
Caminé dos pasos hacia tu imagen, miré de un lado a otro para encontrarme con esa realidad, te pedí que me miraras. Mis palabras entrecortadas fueron: “¿Estás con otro?”. Y tu silencio volvió a hablar. Tardé en reaccionar, mentí a mi sospecha, queriendo escuchar un… NO, pero todo fue gritos callados de tu boca, con el brutal movimiento de tu cabeza de arriba abajo.
Quiero soledad, necesito quietud, espero piedad, para poder conversar en silencio con mi conciencia maltrecha, y esperar mi desalmado destino.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor

viernes, 24 de octubre de 2025

 ARREPENTIDO



Sentado en los sentimientos golpeados y marchitos,
tu recuerdo emergió como un faro en la oscuridad.
Comencé a desojar los tiempos vividos y sentidos.
Muchos quedaron sueltos por no querer tenerlos conmigo,
pero sin darme cuenta, quedaste tú, mezclada en mis dedos
me detuve en repasos piadosos… en los que he creído,
Lograste sacarme la letanía, de tantas épocas.
Hiciste que mi alma se sienta mimada de tiernos momentos,
y acosté tu cuerpo en la imaginación de volverte a tener.
Acaricié tu figura con mis ojos llenos de lágrimas, por ser un pasado.
Canté una canción de cuna, de aquellos sueños que tuve a tu lado,
Imaginé tus manos en mi pecho, de tantas noches vividas.
Recordé la calidez de nuestra desnudez y las risas que escapaban
de nuestros labios mientras nos fundíamos en un abrazo despreocupado.
Solo eran nuestras vidas, juntos, alegres, deseosos.
Tus besos caminaban por mi espalda, mi boca mordía tus nalgas.
Hablé con tu embrujo de mujer fatal y todavía me seducía.
Siento tus pechos sobre mi piel, y tus pezones acarician mi ser.
Quiero encontrarte de vuelta en mi soledad desesperada,
necesito decirle a tu corazón, que aún lo amo sin condición,
porque ahora en estos momentos de mis tiempos estoy…arrepentido,
como un náufrago aferrado a un recuerdo que se desvanece entre mis manos.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor D/R
derechos reservados

viernes, 3 de octubre de 2025

 Buenos díasEL DÍA QUE SE CUMPLE AÑOS… Y LO QUE LE SUCEDE


Hoy brindo las veces que sea necesario. Cada copa es un tiempo que dejó huellas, marcas, sentimientos, recuerdos, nostalgias. Cada momento de mí, lo represento en un instante con mi brazo levantado. ¡Cada feliz día!… Son penurias, errores, tristezas, alegrías, llantos, risas, necesidades, amores, desamores, amigos y los que no. Aciertos, desaciertos, miedos, audacias y esfuerzos. Miro mi mano, me alejo imaginariamente y convivo en un abrir y cerrar de ojos cada instante. Nada ni nadie dejo de ver: lugares, personas, momentos, colores… Todo en esos cinco minutos de mi lugar, lo traigo con mis sentimientos, en mi alma y a mi corazón.
¡Pucha, cuánto he vivido y qué poco es el tiempo! ¿Qué tendría que pasar para que lo pudiera regresar y otros rechazar? No dejo nada de lo poco que construí, pero sí mucho de mi amor: mis hijos. Es lo más puro que ocurrió en mi existencia. Mi día es este instante que escribo sobre mis debilidades; es este el momento en que pienso en mis padres; es el tiempo que imagino: cuántas veces más levantaré mi brazo; son los segundos que mi mente observa mi camino recorrido y el que me falta por seguir. Cada año que pasó, fue una tormenta de pasión, con vientos de amor, dejando mi corazón, en una meseta de dolor.
Y me adelanto a agradecer a todos mis amigos y a los que no los tengo como tal en esta narración, por todo lo que me han enviado: saludos, deseos, el tiempo que se han detenido a escribirme por privado, en público, con carteles de mensajes. En verdad, no soy nada ni nadie para tanto reconocimiento. Sé que todos, al estar en este lugar, tenemos muchos amigos y todos recibimos lo mismo, pero para mí es demasiado, no merezco tantas cosas especiales.
Solo soy un loco que escribe lo que me viene a la mente con inconsciencia, sin saber si lo que muestro está bien o hace daño, pero pido disculpas por mi insolencia. Creo que no siempre es bueno lo que escribo y lo que muestro, pero soy un loco que hace lo que siente y, con un poco de cordura, pienso lo que subo.
Mil gracias por todo lo que me enviaron, y sin ser vulgar y simplista, les digo que me he sentido acompañado y querido, cosa que no siempre se logra o se siente. Pero yo en este momento, con mucha emoción, les deseo un gran y bonito día, con mucha paz, mucho amor y, para muchos, mis ruegos para que logren lo que necesitan, y paz y resignación para los que sufren en toda su magnitud.
Saludos, abrazos y besos. Mil gracias.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor

MI ALMA TIENE PRISA
Conté mis años y, al ver mi camino, que me queda menos por andar, ya no me detengo, ni pierdo tiempo en querer aparentar.
Probé los placeres, lloré mis errores y aprendí que el alma no sabe fingir, me cansé de aquellos que inflan sus nombres y olvidan que todos venimos a ir.
Mi alma tiene prisa, no quiere promesas, ya quiere verdades, cariños de más.
Prefiero los ojos que saben mirarme, que una vida llena de falsedad.
Mi alma está vieja, pero va despierta, y aún quiere cantar.
No busco coronas, ni aplausos baratos, me basta el abrazo que sabe cuidar.
Hoy río distinto, más lento, más claro, y el tiempo me enseña lo que es de verdad.
Mi alma tiene prisa, ya no da rodeos, se va con quien sabe perder y ganar.
Quiero estar rodeado de aquellos que tocan el alma sin miedo, sin lastimar.
Mi alma está viva, y aunque tenga arrugas, no deja de amar.
Tenemos dos vidas, lo dice el destino… ya la segunda empieza cuando ves tu final.. Muchas gracias, muy amable. Abrazo

lunes, 22 de septiembre de 2025

 

LO QUE NO ME ATREVO A CALLAR


 

¿Puedo comunicarme contigo?...

Para decirte que quiero hablarte

y contarte todo lo que me gustas?

Declararte lo hermosa que eres,

qué pasa cuando te veo,

qué me produce tu figura,

qué palpita mi corazón cuando te pienso.

Por eso quería charlar, para expresártelo,

y si no puedo, he tenido la ilusión de pensarlo.

¡Porque sabes!...

Qué hermoso sería tenerte en mis brazos

y llenarte con besos de amor.

Me dirás loco, por decir que te amo con locura.

Me dirás tonto, por quererte cerca de mí,

y me tratarás de inconsciente por pedirte un hijo.

Pero nunca me podrás decir estúpido,

por imaginar y creer que podrías quererme.

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor

martes, 2 de septiembre de 2025

 

 

                                          CRÓNICA DE UN AMOR SIN PASIÓN

                                                     


Te conocí por destino fortuito; desatendí tu figura y seguí mi camino con cierto aire de libertad.

Nada me hacía pensar que tú me observabas, tampoco quería conocerte; no estaba en mí espacio

para otra persona en mi vida. Solo habitaban mis nostalgias y sentimientos maltratados de un pasado,

donde esas memorias me  trasladaban a revivir errores, sanar tristezas y volver a reír.

 

Pero apareciste tú con mirada seria, grandes ojos negros, tus labios carnosos color grana; tu sonrisa apenas entreabría la boca, tus mejillas marcaban tu piel rosada y tu pelo largo y negro hasta la

cintura fotografiaba a una bella mujer. Sentí tu voz cálida, severa y, sin embargo, débil para reafirmar tu existencia.

 

Contaste tu historia casi sin pensar: con vergüenza, dolor y bronca, narraste tu vida llena de vivencias, y Fue entonces cuando comprendí que nunca supiste amar; solo fueron ecos de un querer.

 

 Pretendías protección, escapar de lo que no habías elegido. La vida te brindó un sentimiento de paz, no un amor con pasión, ese amor capaz de hacerte sentir plenamente mujer, Jugaste la partida con fichas ajenas.

 

Creíste que eras dueña de la verdad y de la razón, pero la vida impidió que ese hombre angelical, incapaz de darse cuenta que no te ayudaba, solo satisficiera sus propios deseos. El destino lo hizo partir para liberar sus errores y corregir tus desórdenes, dejándote desorientada y sin saber qué camino tomar.

.

No dejaste que la soledad viviera en ti por un tiempo; y por ser joven y bonita, se acercó el hombre prohibido. El tiempo los quiso juntos, tuvieron hijos que muchos negaron o rechazaron, y la vergüenza y de no poder negarlo más, aquel hecho acordonó la responsabilidad.

 

Volviste a creer en un amor imposible, aunque él venía de un profundo desconsuelo, de un engañó y necesitaba cubrir su alma con tu belleza; tú, en cambio, encontrabas en él una aparente estabilidad.  Supuestamente era la mejor persona que sé te había presentado. Pero cometiste un grave error: te manipuló, descubrió tu frágil convicción, condicionó tu familia y tu vida, deseó tu muerte e incluso lucró con lo tuyo por su despiadada avaricia.

 

 Lo más grave fue que nunca te supo amar, porque amar no es solo el placer del sexo y esperar el final. Amar es oler tu piel, acariciar tu pelo y tu cuello, besar como si fuera la primera y última vez, cuidarte en los más mínimos detalle, velar por que no sufras ni llores, reír juntos.

 

El destino quiso que nada de lo planeado jugara con tus memorias y la soledad te alcanzó. El miedo a la vejez, con apenas cuatro décadas cumplidas, te llevó a especular con hombres maduros que te hacían sentir más joven.  Solo pensabas en ti; querías demostrar que tu amor valía más, y tejías nuevas ilusiones.

 

Brincabas con tus tiempos y con los demás, siempre justificando que jamás habías conocido un querer verdadero. Te sentías única, pero esa forma de actuar iba forjando un yo desagradable, poco comunicativo, sin intimidad amor. Cambiabas sentimientos para crear etapas de amores inventados.

 

Pero amar no es solo decirlo; es mirar a los ojos sin pronunciar una palabra, dejar que las lágrimas expresen alegría, admirar cada facción y creer que la sonrisa nunca termina. Amar es sentir los labios del otro, cuando cada abrazo equivale a tener la luna en tus manos.

Por eso nunca supiste lo que es amar ni supiste hacerlo, con ternura y pasión.

                                                     Orlando Mario Soverchia- YoAmor

 

miércoles, 25 de junio de 2025

                                                                   LA PLAYA


 

El atardecer llega a su descanso y con él, toda quietud,

Comenzamos a caminar tomados de la mano,

Nos alejamos del bullicio sin hablarnos,

Para encontrarnos en la playa de ese lugar,

La fuimos recorriendo muy despacio, tranquilos,

Nos alcanzó la noche y todo se volvió romántico,

El calor nos acompañaba y de a poco, nos alivianamos de ropa,

Nadie estaba en ese lugar, el silencio murmuraba junto al mar,

Los dos estábamos con apenas una sola prenda,

Nos gustaba, nos reímos por ese momento de travesura,

Nos acercamos al agua y nos dimos un beso, lo repetimos,

Sentimos ganas de más y así lo hicimos una y más veces,

Dejamos que los cuerpos se aprieten, se deseen,

Los labios se hicieron cómplice de los desenfrenos de nuestras bocas,

Ya no nos alcanzaba estar de pie, y nos volcamos en la arena,

Sus manos tenían el camino trazado de lo que necesitaba,

Y las mías corrieron tras las suyas, nos desvestimos de lo que faltaba,

Nuestra piel sintió dos sensaciones, tocarse entre sí y el suelo tibio,

La luna encubridora de lo que pasaba, nos alumbraba lo suficiente,

Sus cabellos revueltos y enmarañados por la pasión,

formaban la danza de los placeres y de todo lo que sentíamos.

Se volvió desesperada y me pidió que la tuviera por detrás.

La hice mía, mis manos sobre sus pechos, su cara buscó la mía,

Alterada y atrevida, me llevó a sus bajos instintos,

Cada meneo de ambos era un lamento de goce y erotismo,

La tomé por la cintura, más no la podía contener,

Sentí ternura, violencia y locura, sentí que la amaba y me amaba,

Dejé caer su espalda, y aquello fue un descontrol total,

El mar nos tocaba los cuerpos y la arena se hacía cómplice de esa unión,

Miré sus muslos, los tuve junto a mi cara y los separé para llegar a su venus

Mis besos no se detenían, exigidos por los gemidos.

Tentación, imaginación, apetencia, hicieron que sin darnos cuenta…

Ella entre mis piernas y yo entre las suyas,

La respiración agitada y deseosa, era la música que nos acompañaba,

Sentí un quejido, noté sus dedos apretados sobre mis piernas,

Levantó su cuerpo del suelo como un aluvión de extravío,

Su figura vestida de arena parada sobre mi rostro,

Me gritó… soy tuya mi amor!… y me entrego en la boca, todo su calor.

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor

martes, 24 de junio de 2025

 Muchas gracias por aceptar mi solicitud de mi nuevo Facebook, y espero que te agrade lo que comparto. Muy amable MI RAZÓN

 


Mi cuerpo está dormido, ansioso.

Mi estado está vendido, divulgado.

Mi sentimiento, tembloroso, estremecido, palpitante.

Mi mente, en tu figura, no deja de embriagarse

Mi corazón insumiso golpea mis razones.

 

Todo es soberbio y, como tal, es suficiente con sentirte.

Todo me atrapa; nada está lejos de lo prodigioso.

Todo se hace uno para alucinarme entre las estrellas.

Todo se va y nada queda cuando tu amor se aleja.

Todo se transfigura y lo que existe es turbulencia en mi cuerpo.

 

Nada quiero volver a sentir sino están tus vestigios en mi piel.

Nada pretendo fuera de lo real, pero sí encandilar mis ilusiones.

Nada es cruel para mi corazón, pero es soberano frente a mis pensamientos.

Nada me pesaría a tu lado y casi todo lo sobrellevaría alborozado.

Nada es todo en mí, y todo ese nada sería el final de mi razón.

 

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor

sábado, 10 de mayo de 2025

 

COMO ERES Y QUE HACES

 


Eres la mujer pervertida,

lujuriosa y trasgresora de los instintos.

Me calientas y me excitas con tu presencia.

Me abochornas con tus juegos.

Me tientas sin pedir permiso.

Me entregas las tentaciones sin grises.

Me embriagas con el temblor de tus manos.

Me debilitas con la curva de tu sonrisa.

Me derribas con tus caricias sin control.

Me enloqueces con tus besos de tentación.

Me saboreas cuando me pierdo en tus entrañas.

Me tientas a la locura sin igual.

Me juegas con tu mirada desencajada.

Me quitas todo poder.

Me haces tuyo, sin medida.

Me aprietas sobre tu cuerpo sin límite.

Me hablas jadeando en mis oídos.

Me dejas tendido sin respiro.

Me amas hasta que mi existencia muere feliz.

Me eres fiel, sincera y afable sin condición.

Cada segundo, cada momento, cada día,

te prefiero como mujer degenerada de amor y leal,

que mil putas juntas,

me engañen con sentimientos falsos.

 

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor

jueves, 8 de mayo de 2025

 El tiempo pasa, la piel se estira, los sentimientos reflexionan, el corazón se llena de nostalgia, la mente tropieza, el cuerpo se queja, y la edad crece entre las nuevas vidas, sacando todo lo fresco de mí.

Orlando Mario Soverchia-YoAmor D/R
derecos reservados

domingo, 16 de febrero de 2025

 

                                          EL ABUELO

 

La vida es una narración, tiene una mayúscula y el punto final.

Pero hay principios y finales que narran los errores que lastiman.

Comenzamos siendo indefensos, inconscientes, dependientes y queridos.

Todo es mayúscula: tolerancia, palabras y enseñanza.

La supervivencia se va formando con historias, matices, sentimientos.

Todos advertimos y escribimos oraciones con nuestro recorrido.

Hasta que el papiro amarillento y gastado por el tiempo se va completando y poca tinta quedan ya, más las inseguridades del pulso.

He aquí que el ser humano llega a la vejez, y nadie quiere leer su existencia, porque aquí comienza la sencilla y cruel historia del abuelo.

 

En la actualidad, esta es una familia formada por el abuelo viudo y adulto mayor, pero con ciertas incapacidades. Tiene cuatro hijos, tres varones y una hija, que fue la segunda de los herederos. Él vivía en su propia casa solo, pero los inconvenientes que el tiempo nos arrastra empezaron los debates sobre que no podía seguir en su soledad. Esto llevó a muchas charlas entre ellos sin que el padre los escuchara. – ¡Así no lo podemos dejar, es un peligro!, - Si, pero yo no quiero que valla a un geriátrico, ni para que nos saquen manos los demás - Y bueno, pero en mi casa todos trabajamos, además tengo los chico como ustedes también… Todo se hizo una pausa, miradas cruzadas buscaban quién decía algo y pregonaba alguna solución. Y como casi siempre pasa, la historia apareció cuando su hija, siendo mujer y una de las mayores, teniendo lugar y no trabajaba, las miradas cómplices de los hermanos la señalaron como la indicada para que el papi se mude a vivir con ella. Así que sin reproches y desaprobaciones, se instaló y todos fueron los ingenieros de la solución pacífica que a la mayoría no les afectaba.

 

Por supuesto, el fin de semana, reunión de familia, todos a una hora estipulada del media día de domingo, época primaveral envejecida, por eso ya la temperatura empezaba a madurar. El anfitrión del lugar (la hija), responsable del cuidado y prepararlo, comenzaba a levantarlo muy temprano como a las 7.30 de la mañana para asearlo, irónica expresión, casi sin sentido para el anciano porque durante la semana eso no pasaba. Se encargó de prepararlo con mucha dedicación y así le quedaba tiempo para preparar todo para los invitados.  Después de llevarlo al baño y sentarlo en una silla de plástico, le tiraba agua con una jarra, el agua le erizaba la piel y sus músculos se tensaban, él casi sin poder moverse se estremecía por la caída sobre su cabeza y tratando de entender que su supuesta hija le hablaba en voz alta:”¡Refriégate mejor!”. Pero el abuelo apenas podía mover un poco la mano izquierda siendo diestro. Por suerte, apenas cinco minutos le alcanzaron para creer sentirse seco, aunque parte del cuerpo seguía húmedo. Primero le puso un calzoncillo largo, una camiseta de mangas largas con cuello redondo y botones, una chalina en el cuello, pues ese día, a esa hora de la mañana, había un poco de brisa, y una gorra por no tener pelo y para que no le hiciera mal el sol. Él, poco hablaba, casi nada, sus manos, arrugadas junto a sus dedos, sobre sus piernas, algún balbuceo con palabras cortas y poco entendibles.

 

Era apenas las 9,00 de esa mañana, lo sentó a la mesa y casi al instante le trajo un plato de acero inoxidable con sopa llena de vitaminas y verduras. El adelanto del almuerzo se realizaba en ese momento, porque después estarían todos y como algunas veces se le deslizaba algo de la comida y lo tenía que limpiar con una servilleta, no quería que los chicos y los demás vieran esa situación. Además todo fue muy acelerado; en veinte minutos, el viejito se tuvo que tragar, gustase o no, toda la comida en ese tiempo y sin poder decir casi nada.” LISTO” vamos. Lo sacó fuera de la casa, lo sentó en la punta del patio, lo arraigó como un árbol viejo y olvidado, apoyado sobre un tapial sin algo de sombra, para que mirara como jugarían los nietos a la pelota. Por supuesto, a nadie le importó la hora a la que lo llevaron y el tiempo que faltaba para las llegadas de los comenzales invitados semanalmente, de un acontecimiento periódico y hasta de hábitos familiares.

 

Todos llegaron demorados, pasado largo de las 13.00, porque la mayoría había estado reunida la noche anterior en otro lugar. Los nietos. Preocupados por correr detrás de la pelota, ni se dieron cuenta de ese viejo plantado en ese lugar como una cruel decoración del jardín. Cada tanto lo golpeaban con el balón y las risas conjuntas de los chicos que, según sus padres, comentaban: “Miren como se divierten con el abuelo”. ¡Imbéciles! No se entretenían, ni se daban cuenta que lo burlaban.  De pronto, uno de sus nietos con un grito quejoso y burlón dijo. “Mamá, mirá como se cagó y se meó el abuelo y no dijo nada… Las moscas lo rodeaban y se le metían en la nariz y la boca... Uf, ¡que olor!, no se puede estar acá, sáquenlo de aquí, vociferaban entre cara de asco y risas. Todos salieron al patio, con gestos de repulsión, se miraron uno con otro y se decían: “¡Y ahora qué hacemos?”. “A mí no me miren que no soporto eso”, otro con repulsa, comentó: “Pero como lo dejaron con este calor tanto tiempo…”. El reproche no se hizo esperar: Y bueno che, hubieras venido vos a vestirlo, yo estoy todo el día limpiándole el culo. Un tercero: “Bueno, dejen de discutir y lo que vamos a hacer es tirarle unos baldes de agua, así algo se limpia y después vemos si mi cuñado… ¿eh? “Che, que tengo que ver, el problema es de ustedes”. “Está bien, lo metemos con silla y todo bajo la ducha”. Al abuelo terminaron tirándole más agua con una manguera, como un automóvil, teniendo la ropa puesta, hasta que algo de su suciedad desapareciera. Luego le pusieron los pañales y a las 16:00 de la arde lo acostaron, porque decían que estaba cansado. Cansado de sentirse vapuleado, despreciado y humillado.

 

 Ese hombre gastado de sus narraciones había pasado de moda y ya, con poca visión, no podía poner el punto final, donde había escrito tanto de sus vivencias y del orgullo de sus hijos.

 

 

                  Orlando Mario Soverchia- YoAmor

martes, 4 de febrero de 2025

 

          CUAL FUE MI PRIMAVERA…

 Estoy rendido a mí tiempo, sentado en un lugar cualquiera de mi mundo, contemplando la vida a mí alrededor. Mis ojos perdidos en los vaivenes de la existencia, instintivamente, la mano se recuesta en la mejilla, dejando mi cabeza reposando los pensamientos. Se atropellan por querer llegar primero, pero todos tienen su tiempo, su lugar, su vivencia. La tarde de primavera canta su llegada y el colorido visible, acaricia la vida en mi rostro.  El corazón corretea con los sentimientos encontrados, todo es brisa, sol, bullicio lejano de seres viviendo el momento que se ha detenido por molestas memorias. Contemplo flores danzando con el vaivén del viento, el perfume impregna mis neuronas, donde la mente pincela paisajes de amores. El aura hace su música, los árboles bailan al compás de su pantomima. La naturaleza en plenitud retoza de un lugar a otro, como su propia libertad lo exige. Ciento ruidos a mi lado, casi sin darme cuenta lo ignoro, creyendo que es parte del instante que estoy palpando. Era una niño, con sus ojos celestes como dos pozos sin fondo, donde se hundían mis propios miedos y anhelos, pestañas largas y una carita angelical yacía junto a mí. Era un recordatorio de que la vida, a pesar de todas sus dificultades, seguía siendo hermosa. “Se inclina, me mira, una sonrisa dulce, pura y tierna.- ¿Estás solo?... Una increíble figura de apenas cuatro añitos colmó mis ojos, su cabellito rubio enrulado abanicando las expresiones esperaba mi respuesta, sonrió, su cuerpecito movedizo, tendió su manito sobre mi cabeza, recibió mi sorprendida sonrisa donde respondo un. – Sí ¿Me quieres acompañar? … Sin repetirlo, aceptó la invitación, su vocecita me arrolló con un… -(¿Porque estás solo?... una pequeña pregunta y que gran sentido… Mi ser perplejo al sentir que alguien con tan virgen pureza pudiera sacudir mi estado… mi pregunta interior -¿Quién era? ¿Porque aquí? Mi fortaleza debilita, mi voz casi cerrada y confusa, vuelve contestar, ¡Solo no!, con mi soledad… y respondió -¡Pero yo no la veo! -Es que siempre está conmigo y nadie la ve. En ese momento se forjaron todas mis primaveras, de la niñez, adolescencia, juventud, hombre y adulto. Todo se fotografió en diferentes horizontes, de igual manera el interrogatorio apresurado con frescura y ansiedad, estaban en mis oídos, como un cumplido respondía casi de memoria ante la niñez. Todo era extraño, alguien me enfrentó en donde estaba… Yo, sin saber qué hacía ahí, comprobé que en verdad, ya no tenía primavera, le pedí un favor al viento cerrar mis ojos, para no derramar una pequeña lágrima que acompañaba mis párpados y un sensible revuelo me hizo saber, que mi pequeña compañía acudía a un llamado que no escuche y todo se desvaneció. Su imagen la perdí en la distancia, traté de visualizarla mejor, pero nada cerca existía, fue que ese ser pequeño, no fue más que mi alma, que nacía entre los recuerdos de mi vida. En ese instante, comprendí que la soledad no era una condena, sino una oportunidad para reconectar con mi interior y descubrir un nuevo significado en la existencia. Nunca supuse que los sentimientos acumulados en mi alma, se desvanezcan o se alejen de mi corazón, para luego desesperadamente corran tras ellos, cuando toda una vida, busque mi lugar para amar.

                                        Orlando Mario Soverchia- YoAmor             D/R

                                derechos reservados 

jueves, 30 de enero de 2025

 

SEÑORA MÍA


 

Una noche bailando, llamaste mi atención

Dando vueltas con desesperación.

Ponías en mí, toda mi preocupación

Sin dejarme más que mi decisión.

Buscando tú figura sin contemplación

Escapando a toda mi seducción

 

Tú cuerpo moviéndose sin parar

Intrigados mis sentidos para especular,

Corría yo de un lado a otro sin pensar

Nada podía yo contemplar

Sin que tú llegases a impacientar

Todo mi tiempo sin vacilar.

 

Llevé mi cuerpo despacio hacia el encuentro

Quedando parado como un estorbo

Pensado si aún tú fueras mí logro.

Dejando mis ojos reposando sobre tus hombros

Entrando y saliendo de mis pensamientos

Analizando hasta donde tú, querías mí gesto.

 

Tú ritmo sin frenesí, contagiaban a tu alrededor

Miradas que iban y venían con mucho fervor

Sonrisa y canto jugaban entre tú esplendor

Ganando premura y más admirador

Dejando algunos diciéndole por favor

Y nadie podía llegar sin poseer temblor.

 

Junté muchas fuerzas y un tanto de orgullo

Sintiendo a mí paso seguridad y algunos murmullos

Nada detenía mi pausado progreso

 La distancia acortando los hechos

Jugado a mi instinto sentí mis derechos

De aquella mujer, que observé de lejos.

 

Acerqué mi cara con mucha cautela,

 Un tanto nervioso solté mi propuesta

Tu mirada un tanto extraviada,

 Asintió sin poner resistencia

Tomé tu cintura para sentir tu figura

Y jugando a los novios formamos pareja.

 

 

Palabras cortadas y algunas confusas

Poníamos nuestras caras, cercas y melosas

Tu perfume y el mío mezclaban las almas

Sonrisas y miradas, acompañaban las charlas

Llegando a contarnos vivencias pasadas

Y sin darnos cuenta, reunimos las nuestras.

 

Observando tus ojos y mucho tu boca

 Solté mis elogios por cuanto provocan

Reíste y devolviendo con otras estrofas

Todo lo hermoso que una mujer corteja

Respondiendo lo mismo y con grata sorpresa

Aceptando sin miedo mis libres propuestas.

 

Llegamos a amarnos, despacio y con tiempo

Recorrimos los cuerpos jugando al intento

Sabiendo que nadie sabía lo nuestro

Buscamos en cada movimiento y pensamiento

Concierto de amores, para un gran momento

Tal vez, sin imaginar otro gran encuentro.

 

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor