viernes, 3 de enero de 2025

 CONOCIENDOTE


Una noche de otoño, llegué a tu mundo

Una noche de ilusión, comenzó a crecer.

Miradas que iban, miradas sonrientes,

Dejaban el tiempo pasar, para que fuera el mejor lugar.

 

Tú me contabas pesares, y yo respondía desdichas

Tu voz, conquistaba sentidos y yo los suspiraba.

Respiré alegría, luego ternura y llegó el encanto

Me mirabas y sentía que éramos uno.

 

El tiempo seguía, pero mi deseo quedaba en un solo paraje

Salimos de aquel extraño momento,

Sonrientes jugamos a los novios recién conocidos.

Acompañamos el camino, donde llegó el primer beso.

 

Los labios se arrimaron, se tocaron suavemente,

Se deseaban, se sentían, jugaban inconscientes.

Cuando los dos se encontraron mordidos por el placer,

Y se dieron cuenta, que se necesitaban.

 

Abracé tu cuerpo recostado sobre el mío,

Sentí tu perfume que bañaba mi imaginación.

Tus oídos acercándose a mi boca,

Sintieron los besos de mi mejor querer.

 

Entrelazamos las manos, dejando sentir necesidad.

Tu mirada en mis labios, mis ojos en tu boca,

El momento en un solo silencio, gritaron los besos,

Dejando caer ambiciones de ese encuentro.

 

Cuando los cuerpos llamaron los deseos

Una palabra acusó lo que sentimos.

Solo miradas y esperanza, hicieron nuestro querer

Y la noche dejo de existir en promesas de solo volver.

 

Orlando Mario Soverchia- YoAmor  

 He vivido de muchas maneras,

he sentido sentimientos, de tantas maneras,

he besado y me han besado de mil maneras,

y mi única manera distinta fue,

cuando me enamoré de ti.


Orlando Mario Soverchia- YoAmor D/R
derechos reservados

 LA MUJER


Hablar de la mujer es ser inconsciente, imprudente, tal vez, “un don nadie”.
Para mí, la mujer es sinónimo de vida; por ella nacemos, nos alimentamos, reímos, lloramos, sentimos calor y sabemos de nuestras necesidades. Por ella pensamos, nos enojamos, advertimos dolor, nos sentimos hombres como especie, encontramos la razón de un porque, practicamos el machismo estúpido de la inconciencia. Para no sentirnos solos, por ella comenzó la guerra. Nos hace sentir pequeños y nos forja grandes. Porque nos sabemos inferior como linaje humano, competimos, y por consiguiente empleamos la fuerza; pero ella posee la más grande de las fuerzas, porque ostenta la perfección de fabricarnos sin error. Se muestra débil pero se sabe fuerte, se equivoca y nada le importa, la lastiman, sin embargo, sabe curarse y recuperarse, desaparece cuando quiere y se muestra en el momento justo. Tiene los tiempos repartidos para cada instante de sus días, ama su fruto sin límites, lo atiende y deja su propio cuerpo al deseo, cuando ella lo pretende. Ella nos mira, nos elije, nos sonríe, nos habla y somos suyos. Nos hace sentir que decidimos, que sabemos de la vida y del poder, que somos por quien ellas suspiran… y la simpleza de su todo, nos regala esa creencia para dominar sin dominar. La mujer es la única que llora y ríe a la vez… Por parir a su hijo, por ser feliz, por sentirse enamorada, por estar nerviosa o sentirse amenazada, por pensar en un momento que no quiere encontrar y de alejarse de un amor que ya quiere olvidar. Por eso no alcanzan las razones y los porqués para escribir sobre ella, tampoco el tiempo que se le debe dedicar, porque la mujer, tiene tanto para dar como tanto que sacar. Ella te hace un dichoso, maravilloso y hermoso macho, se sabe hembra, se encuentra en el medio de este mundo y tiene la dicha de estar triste y alegre, por la simpleza de ser mujer.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor D/R
derechos reservados

 ARREPENTIDO


Sentado en los sentimientos golpeados y marchitos,
Comencé a desojar los tiempos vividos y sentidos.
Muchos quedaron sueltos por no querer tenerlos conmigo,
pero sin darme cuenta, quedaste tú, mezclada en mis dedos
me detuve en repasos piadosos… en los que he creídos,
Lograste sacarme la letanía, de tantas épocas.
Hiciste que mi alma se sienta mimada de tiernos momentos,
y acosté tu cuerpo en la imaginación de volverte a tener.
Acaricié tu figura con mis ojos llenos de lágrimas, por ser un pasado.
Canté una canción de cuna, de aquellos sueños que tuve a tu lado,
Imaginé tus manos en mi pecho, de tantas noches vividas.
Recordé reírme, por estar desnudos sin saber si alguien nos veía.
Solo eran nuestras vidas, juntos, alegres, deseosos,
Tus besos caminaban mi espalda, mi boca mordía tus nalgas.
Hablé con tu embrujo de mujer fatal y todavía me seducía.
Siento tus pechos sobre mi piel, y tus pezones acarician mi ser.
Quiero encontrarte de vuelta en mi soledad desesperada,
Necesito decirle a tu corazón, que aún lo amo sin condición,
Porque ahora en estos momentos de mi mis tiempos estoy… Arrepentido.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor D/R
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