CALLE DE SOMBRAS
Una noche empezamos a transitar
por calles de sombras, y muy juntos, porque nos dijimos estar enamorados. Mi
brazo apretujaba tu frágil cintura, y tus manos sobre mi hombro. Te decía todo
el amor que tenía dentro de mí, la pasión que sentía cuando te besaba y los
suspiros por tenerte frente a mí. Todo era para mí un arcoíris de ilusiones y
derrames de sentimientos encontrados, porque tanto te amaba que era tanto el
miedo que sentía sin entender. Pero eras mi amor, porque yo daba todo por vos.
Y sin saber ni entender, la vida me la quitaste.
Te la llevaste cuando adelantaste
dos pasos, aligerada para enfrentarte a mi persona, y con una risa cruel y
despiadada, vomitaste la terrible palabra diciendo: “Estúpido, no te das cuenta
que no siento nada por vos... Solo estuve todo este tiempo inútilmente a tu
lado porque el hombre a quien amo es a tu amigo, pero él no me eligió y se casó
con tu hermana. Fue por eso que me acerqué a vos, nada más que por eso. No seas
imbécil, hombre de papel.
Ese monstruo bello y despiadado
me hizo sangrar mis oídos, lastimar mis labios que yo mordía, doler mis dedos
por tanto apretar, y el latido de mi conciencia, llorando a gritos el silencio
desgarrador del engaño. ¡Qué odio tengo por amar! ¡Qué bronca siento por querer!
¡Qué desdicha por sentir! Pero sé que, en algún momento de este mundo, alguna
vez, el presente, le contará al futuro lo imbécil, pero lo puro, que fui con un
amor.
