sábado, 31 de enero de 2026

 Por esa mujer

 


Mujer bella y delicada en su ser, todo tenía en su vida y en su andar. A su favor estaba todo lo más lindo de su existencia; derrochaba alegría sin querer. Sentía su mundo libre para vivir, pero los sentimientos, sin saber por qué, un día sintieron el llamado de otra realidad.

 

Aquel hombre, floreció de un abrir y cerrar de ojos, colmó su alma, extravió su mirada por sentirse impactada. Toda en ella se convirtió en una sinfonía de suspiros. Quiso hacer su saludo, y solo un simple “hola” fue su accionar. Sintió que era el sentimiento por el que pensar; juntó fuerzas, entregó la sonrisa más hermosa que se había podido ver, y le alcanzó para conquistar a aquel andante caballero.

 

Se sintió niña en su transitar, mujer en su seducción, dedicándole todo a ese amor.

Ella se concentró en aquella figura del macho cabrío. Ese hombre precioso para su gusto, la hacía sentir señora. Cada día que pasaba adoraba los ojos por su mirada,

los labios por sus besos, las manos por sus caricias, y su cuerpo, por cuanto le hacía sentir en su lecho de pasión.

 

Todo lo entregó sin condición; su corazón fue sacado de su pecho; los pensamientos por él fueron su razón de vida, y todo de ella se hizo él. Nada ni nadie podría cambiar ese estado que llegó a sentir,

pero nunca imaginó que todo lo que vivía, todo lo que sentía, en un instante de aquel segundo preciso, ese caballero andante y hombre fatal le decía que no podría seguir a su lado, porque otra mujer, sin saber por qué, había conquistado ese amor que había tenido por ella.

 

Todo se hizo oscuro, todo dejó de existir, la vida ya no valía. Dejó sus sueños en un rincón, no comía para no seguir viviendo. Desaliñada y triste, levantaba ese cuerpo maltrecho y golpeado. Miraba su piel desquebrajada, sus ojos fatigados por no dormir, su pelo narraba desorden y su alma abatida por tanto dolor. Su tiempo en años se había doblegado; no quería seguir viviendo. Las horas, detenidas en agonías estúpidas, consumían su nostálgica belleza, porque los tiempos creídos conquistados, fueron robados sin pedir permiso.

Por esa mujer.

 

Orlando Mario Soverchia    16/9/23   *

viernes, 30 de enero de 2026

 No florece

 


Llueve, y estiro mis suspiros con el cansancio de la sequedad en mi corazón.

Mis manos no tienen una piel para tocar.

Mi boca no encuentra unos labios para humedecer.

Mis ojos no ven una figura de amor donde reposar.

Pero sigo inventando estar en ese lugar.

 

No puedo saber por qué no florece como una bella flor.

Por qué no puedo ver ese capullo que tanto quiero amar.

Si tan solo es dar todo lo que mi alma pide con sumisión y pasión.

Debe ser un pecado sin perdón no poder dejar de pensar.

Y renunciar a mis ganas de enamorarme.

 

Orlando Mario Soverchia  

martes, 13 de enero de 2026

 Existencia confusa

 


Mi cuerpo lo percibo presente entre nubes y espacios no descifrados.

Camino en mi casa sin puertas, sin paredes, sin techo; como estar flotando en la nada de mi propia existencia, y con las ilusiones de todo ser humano; pero no lo pienso así. El recorrido es frágil, incómodo, sobrecargado. Siento que cada mañana al despertar, la vida me toma de la mano y obligatoriamente tengo que empezar a transitarla. Y como ella misma se autodenomina: difícil, complicada, sabiendo que tiene caminos y veredas de ambos lados que no son iguales y no siempre se puede llegar de la misma manera. Es donde mi cerebro se siente débil y perturbado por tener que elegir el rumbo a seguir.

Me grita con sus voces y ecos de mi propia reflexión. Tengo las ideas claras de que estoy en un mundo de bufones y titiriteros que juegan para alegrarme y suplir las horas de estancamiento en mis sentidos. Todo se confunde con el maltrato personal y el juicio incondicional del bienestar, para avanzar.

 

Pero llega tétrica y silenciosa, pero no menos bulliciosa: que es la noche. Ella me espera con ternura y apacigua a mis estados, abre sus brazos, me acobija como un niño indefenso. Pero de a poco voy percibiendo que me va abrazando y apretando cada vez un poco más; y es aquí cuando su rostro oscuro y enojado me toma de la mano y me obliga a seguirla sin condición y a tener los ojos abiertos, el corazón latiendo y las pulsaciones que se aceleran para hacerme agitar y abandonar el propósito de estar en mi descanso; para convertirlo en una montaña rusa de vértigos, pánicos, risas turbias y confundidas, esperando llegar al fin del recorrido de esas noches tan cortas de seis o siete horas , que se hacen penosas y pesadas, hasta sentir el silencioso llanto del dolor en mi cansado corazón.  

 

    

Orlando Mario Soverchia

sábado, 10 de enero de 2026

 Arrepentido

 


Sentado en los sentimientos golpeados y marchitos,

tu recuerdo emergió como un faro en la oscuridad.

Comencé a desojar los tiempos vividos y sentidos.

Muchos quedaron sueltos por no querer tenerlos conmigo,

pero sin darme cuenta, quedaste tú, mezclada en mis dedos

me detuve en repasos piadosos… en los que he creído,

Lograste sacarme la letanía, de tantas épocas.

Hiciste que mi alma se sienta mimada de tiernos momentos,

y acosté tu cuerpo en la imaginación de volverte a tener.

Acaricié tu figura con mis ojos llenos de lágrimas, por ser un pasado.

Canté una canción de cuna, de aquellos sueños que tuve a tu lado,

Imaginé tus manos en mi pecho, de tantas noches vividas.

Recordé la calidez de nuestra denudes y las risas que escapaban

de nuestros labios mientras nos fundíamos en un abrazo despreocupado.

Solo eran nuestras vidas, juntos, alegres, deseosos.

Tus besos caminaban mi espalda, mi boca mordía tus nalgas.

Hablé con tu embrujo de mujer fatal y todavía me seducía.

Siento tus pechos sobre mi piel, y tus pezones acarician mi ser.

Quiero encontrarte de vuelta en mi soledad desesperada,

necesito decirle a tu corazón, que aún lo amo sin condición,

porque ahora en estos momentos de mis tiempos estoy…arrepentido,

como un náufrago aferrado a un recuerdo que se desvanece entre mis manos.

 

 

Orlando Mario Soverchia