miércoles, 8 de abril de 2026



 

 Arrepentido

 


Sentado en los sentimientos golpeados y marchitos,

tu recuerdo emergió como un faro en la oscuridad.

Comencé a deshojar los tiempos vividos y sentidos.

Muchos quedaron sueltos por no querer tenerlos conmigo,

pero sin darme cuenta, quedaste tú, mezclada en mis dedos.

Me detuve en repasos piadosos… en los que he creído.

 

Lograste quitarme la letanía de tantas épocas.

Hiciste que mi alma se sienta mimada de tiernos momentos,

y acosté tu cuerpo en la imaginación de volverte a tener.

Acaricié tu figura con mis ojos llenos de lágrimas, por ser un pasado.

Canté una canción de cuna de aquellos sueños que tuve a tu lado.

 

Imaginé tus manos en mi pecho, de tantas noches vividas.

Recordé la calidez de nuestra desnudez y las risas que escapaban

de nuestros labios mientras nos fundíamos en un abrazo despreocupado.

Solo eran nuestras vidas, juntos, alegres, deseosos.

 

Tus besos caminaban mi espalda, mi boca mordía tus nalgas.

Hablé con tu embrujo de mujer fatal y todavía me seducía.

Siento tus pechos sobre mi piel, y tus pezones acarician mi ser.

 

Quiero encontrarte de vuelta en mi soledad desesperada,

necesito decirle a tu corazón que aún lo amo sin condición,

porque ahora, en estos momentos de mis tiempos, estoy…arrepentido,

como un náufrago aferrado a un recuerdo que se desvanece entre mis manos.


    Orlando Mario Soverchia


 Atardecer...

 


Estoy erguido y desolado ante este día mutilado,

no sabiendo qué hacer o dónde volcar mis penas.

Siento mi alma solitaria y extraviada;

mirando nada y todo, recuesto mis pensamientos.

 

Descansa la imaginación en la lejanía de un horizonte apacible,

me relajo mansamente confesando sentimientos magros.

mi mente recorre el pasado y mi corazón extraña lo amado.

Se entrecorta la mirada entre árboles remolones,

danzando suavemente por los mimos de una tenue brisa.

 

Los pájaros cantan sus sentimientos,

trayéndome a mí aquellos momentos.

El crepúsculo acariciando el final,

dejándome solo y abandonado.

 

Grito mi silencio y nadie lo escucha,

canto mi tristeza aburriendo a la audiencia.

Lentos y perezosos corretean mis sueños,

recostados en vagas esperanzas,

sintiéndome dueño de amantes nostalgias.

 

Juegan mis fantasías en aquella lejanía,

Revolcando angustias en una bruma de suave llovizna.

El día termina, dando vueltas en mi destino evoco lo vivido.

Eludo el presente y alejo el futuro

Cuando me acongoja este atardecer injusto.

 

Deseo ser libre en la penumbra de esta tarde envejecida

y sentir en mi rostro caricias de un creciente día.

Los deseos y vergüenzas se abrazan sin razonar,

cuando el delirio de mi imaginación cae rendido

en este atormentado atardecer pasional.

 

Orlando Mario Soverchia