martes, 21 de abril de 2026

Translator

 Carta de un deseo

Alguna vez me pregunté cuánto tiempo debía dedicar a una persona para hacerla sentir bien. Hoy sé que no hay medida: es, simplemente, cuando te necesitan.

No es un secreto lo que escribo, pero sí es necesario pensarlo. Es curioso entender que uno puede ser importante para quienes están débiles de ánimo. Ironía la mía... porque son más mis momentos de flaqueza que los consuelos que alcanzo a ofrecer.

No soy un ser perfecto; convivo con mis defectos y debilidades. A veces no alcanzo a distinguir dónde empieza mi propia injusticia, o si el otro está sufriendo más que yo. Es ahí donde nacen los desencuentros. No quiero incomodar a nadie, y por esa misma razón, siempre terminan reflotando mis conflictos interiores.

Me siento desorientado con lo que me sucede contigo. Hubo un tiempo en que sentí que te hacía bien, acompañándote con sensibilidad. Quizás, a veces, transgredí tu forma de ser porque sentía que debías soltarte de esos tabúes que, en este mundo supuestamente liberado, solo te hacían daño.

Quiero que sepas que, de alguna forma, sigo a tu lado. Quiero acompañarte en lo que necesites, siempre que el destino me lo permita. Deseo que sientas lo que yo siento cuando imagino liberarme contigo; es mi forma de escapar a lo estructurado, a eso que tanto estorba en esta vida complicada.

Cuando te envié aquello que deseaba, cuando te dije que tenía ganas de vos, sentí que estaba arriesgando demasiado. Al escribirlo me asustaba lo trasgresor, pero a la vez, me hacía sentirte más cerca. Por eso volví a enviarlo: porque el deseo es el mismo, siempre.

Escribir esto me ayuda a identificarme con lo que me pasa. Por eso, cierro con esta confesión: estoy ilusionado en tu querer.

 

 

 

Orlando Mario Soverchia