REFLEXIÓN Y CONFESIÓN
El tiempo camina de la misma manera
que el espíritu se mueve.
Como el cuerpo se encuentra,
Como el corazón palpita,
Como los sentimientos razonan.
Pero nunca elegimos o complacemos
las necesidades de la duración y manera que recibimos,
y vivirla dentro de esta jungla de la existencia.
Nacemos para morir pero también
para transitar en este plano de energía.
Donde aparece el amor, la alegría, la tristeza,
las preocupaciones, los dilemas de lo bueno y lo malo.
Registramos los desengaños, los miedos, las
incertidumbres.
de quienes somos y como son los demás.
En el laberinto de culpas, perdemos el norte
por no saber empatizar con la justicia del espíritu
como un barco a la deriva en una mar de reproches.
Nos disgregamos en compromisos y hasta lo que
merecernos,
pero siempre, siempre existe el análisis
de cómo recorrimos esos momentos de la subsistencia.
Pero la mente rompe todo estereotipo del realismo,
Porque es un lienzo en blanco
Es este intervalo de todo lo que analizamos,
florecen las tertulias de tantas noches de soledad,
de sentirnos solos y reclamarnos por los
arrepentimientos.
Porque las ansiedades, son las murallas que nos
encarcelan.
Terminando el relato de la perfección de nuestra
humanidad espiritual.
Quiero sentir la magia de la sana pasión,
de contarme que todo no es exactitud lo que cuenta la
oscuridad.
Pretendo sentir que por no ver el sol, al día
siguiente me ilumina.
Que cuando acaricio la luna con la mirada, abrazo
ilusiones de la paz.
Que al sentirme y percatar el aislamiento de mi
escenario moribundo,
hay una lluvia profusa de sentimientos hermosos
vociferando bondad.
Necesito estar en la luz de mi espíritu roto y
juzgado.
Porque en mí, jamás existió la grosería del daño,
Pero sin sentirlo, algunas veces plague la confusión
de la sensibilidad,
Sin percatarme que el dolor no es solo mío y para el
otro, un olvido.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor

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