jueves, 16 de enero de 2025

 

REFLEXIÓN Y CONFESIÓN



El tiempo camina de la misma manera

que el espíritu se mueve.

Como el cuerpo se encuentra,

Como el corazón palpita,

Como los sentimientos razonan.

Pero nunca elegimos o complacemos

las necesidades de la duración y manera  que recibimos,

y vivirla dentro de esta jungla de la existencia.

Nacemos para morir pero también

para transitar en este plano de energía.

Donde aparece el amor, la alegría, la tristeza,

las preocupaciones, los dilemas de lo bueno y lo malo.

Registramos los desengaños, los miedos, las incertidumbres.

de quienes somos y como son los demás.

En el laberinto de culpas, perdemos el norte

por no saber  empatizar con la justicia del espíritu

como un barco a la deriva en una mar de reproches.

Nos disgregamos en compromisos y hasta lo que merecernos,

pero siempre, siempre existe el análisis

de cómo recorrimos esos momentos de la subsistencia.

Pero la mente rompe todo estereotipo del realismo,

Porque es un lienzo en blanco

Es este intervalo de todo lo que analizamos,

florecen las tertulias de tantas noches de soledad,

de sentirnos solos y reclamarnos por los arrepentimientos.

Porque las ansiedades, son las murallas que nos encarcelan.

Terminando el relato de la perfección de nuestra humanidad espiritual.

 

Quiero sentir la magia de la sana pasión,

de contarme que todo no es exactitud lo que cuenta la oscuridad.

Pretendo sentir que por no ver el sol, al día siguiente me ilumina.

Que cuando acaricio la luna con la mirada, abrazo ilusiones de la paz.

Que al sentirme y percatar el aislamiento de mi escenario moribundo,

hay una lluvia profusa de sentimientos hermosos vociferando bondad.

Necesito estar en la luz de mi espíritu roto y juzgado.

Porque en mí, jamás existió la grosería del daño,

Pero sin sentirlo, algunas veces plague la confusión de la sensibilidad,

Sin percatarme que el dolor no es solo mío y para el otro, un olvido.

Orlando Mario Soverchia- YoAmor

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