ARREPENTIDO
viernes, 24 de octubre de 2025
viernes, 3 de octubre de 2025
Buenos díasEL DÍA QUE SE CUMPLE AÑOS… Y LO QUE LE SUCEDE
lunes, 22 de septiembre de 2025
LO QUE NO ME ATREVO A
CALLAR
¿Puedo comunicarme
contigo?...
Para decirte que quiero
hablarte
y contarte todo lo que
me gustas?
Declararte lo hermosa
que eres,
qué pasa cuando te veo,
qué me produce tu
figura,
qué palpita mi corazón
cuando te pienso.
Por eso quería charlar,
para expresártelo,
y si no puedo, he
tenido la ilusión de pensarlo.
¡Porque sabes!...
Qué hermoso sería
tenerte en mis brazos
y llenarte con besos de
amor.
Me dirás loco, por
decir que te amo con locura.
Me dirás tonto, por
quererte cerca de mí,
y me tratarás de
inconsciente por pedirte un hijo.
Pero nunca me podrás
decir estúpido,
por imaginar y creer
que podrías quererme.
Orlando Mario
Soverchia- YoAmor
martes, 2 de septiembre de 2025
CRÓNICA DE UN AMOR SIN PASIÓN
Te conocí
por destino fortuito; desatendí tu figura y seguí mi camino con cierto aire de
libertad.
Nada me
hacía pensar que tú me observabas, tampoco quería conocerte; no estaba en mí
espacio
para otra
persona en mi vida. Solo habitaban mis nostalgias y sentimientos maltratados de
un pasado,
donde
esas memorias me trasladaban a revivir
errores, sanar tristezas y volver a reír.
Pero
apareciste tú con mirada seria, grandes ojos negros, tus labios carnosos color
grana; tu sonrisa apenas entreabría la boca, tus mejillas marcaban tu piel
rosada y tu pelo largo y negro hasta la
cintura
fotografiaba a una bella mujer. Sentí tu voz cálida, severa y, sin embargo, débil
para reafirmar tu existencia.
Contaste
tu historia casi sin pensar: con vergüenza, dolor y bronca, narraste tu vida
llena de vivencias, y Fue entonces cuando comprendí que nunca supiste amar;
solo fueron ecos de un querer.
Pretendías protección, escapar de lo que no
habías elegido. La vida te brindó un sentimiento de paz, no un amor con pasión,
ese amor capaz de hacerte sentir plenamente mujer, Jugaste la partida con fichas
ajenas.
Creíste
que eras dueña de la verdad y de la razón, pero la vida impidió que ese hombre
angelical, incapaz de darse cuenta que no te ayudaba, solo satisficiera sus
propios deseos. El destino lo hizo partir para liberar sus errores y corregir
tus desórdenes, dejándote desorientada y sin saber qué camino tomar.
.
No dejaste
que la soledad viviera en ti por un tiempo; y por ser joven y bonita, se acercó
el hombre prohibido. El tiempo los quiso juntos, tuvieron hijos que muchos
negaron o rechazaron, y la vergüenza y de no poder negarlo más, aquel hecho
acordonó la responsabilidad.
Volviste
a creer en un amor imposible, aunque él venía de un profundo desconsuelo, de un
engañó y necesitaba cubrir su alma con tu belleza; tú, en cambio, encontrabas
en él una aparente estabilidad. Supuestamente
era la mejor persona que sé te había presentado. Pero cometiste un grave error:
te manipuló, descubrió tu frágil convicción, condicionó tu familia y tu vida, deseó
tu muerte e incluso lucró con lo tuyo por su despiadada avaricia.
Lo más grave fue que nunca te supo amar, porque
amar no es solo el placer del sexo y esperar el final. Amar es oler tu piel,
acariciar tu pelo y tu cuello, besar como si fuera la primera y última vez,
cuidarte en los más mínimos detalle, velar por que no sufras ni llores, reír juntos.
El
destino quiso que nada de lo planeado jugara con tus memorias y la soledad te
alcanzó. El miedo a la vejez, con apenas cuatro décadas cumplidas, te llevó a especular
con hombres maduros que te hacían sentir más joven. Solo pensabas en ti; querías demostrar que tu
amor valía más, y tejías nuevas ilusiones.
Brincabas
con tus tiempos y con los demás, siempre justificando que jamás habías conocido
un querer verdadero. Te sentías única, pero esa forma de actuar iba forjando un
yo desagradable, poco comunicativo, sin intimidad amor. Cambiabas sentimientos
para crear etapas de amores inventados.
Pero amar
no es solo decirlo; es mirar a los ojos sin pronunciar una palabra, dejar que las
lágrimas expresen alegría, admirar cada facción y creer que la sonrisa nunca
termina. Amar es sentir los labios del otro, cuando cada abrazo equivale a tener
la luna en tus manos.
Por eso nunca
supiste lo que es amar ni supiste hacerlo, con ternura y pasión.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor
miércoles, 25 de junio de 2025
LA PLAYA
El
atardecer llega a su descanso y con él, toda quietud,
Comenzamos
a caminar tomados de la mano,
Nos
alejamos del bullicio sin hablarnos,
Para
encontrarnos en la playa de ese lugar,
La fuimos
recorriendo muy despacio, tranquilos,
Nos
alcanzó la noche y todo se volvió romántico,
El calor
nos acompañaba y de a poco, nos alivianamos de ropa,
Nadie
estaba en ese lugar, el silencio murmuraba junto al mar,
Los dos
estábamos con apenas una sola prenda,
Nos
gustaba, nos reímos por ese momento de travesura,
Nos
acercamos al agua y nos dimos un beso, lo repetimos,
Sentimos ganas
de más y así lo hicimos una y más veces,
Dejamos
que los cuerpos se aprieten, se deseen,
Los
labios se hicieron cómplice de los desenfrenos de nuestras bocas,
Ya no nos
alcanzaba estar de pie, y nos volcamos en la arena,
Sus manos
tenían el camino trazado de lo que necesitaba,
Y las
mías corrieron tras las suyas, nos desvestimos de lo que faltaba,
Nuestra
piel sintió dos sensaciones, tocarse entre sí y el suelo tibio,
La luna
encubridora de lo que pasaba, nos alumbraba lo suficiente,
Sus
cabellos revueltos y enmarañados por la pasión,
formaban
la danza de los placeres y de todo lo que sentíamos.
Se volvió
desesperada y me pidió que la tuviera por detrás.
La hice
mía, mis manos sobre sus pechos, su cara buscó la mía,
Alterada
y atrevida, me llevó a sus bajos instintos,
Cada
meneo de ambos era un lamento de goce y erotismo,
La tomé
por la cintura, más no la podía contener,
Sentí
ternura, violencia y locura, sentí que la amaba y me amaba,
Dejé caer
su espalda, y aquello fue un descontrol total,
El mar
nos tocaba los cuerpos y la arena se hacía cómplice de esa unión,
Miré sus
muslos, los tuve junto a mi cara y los separé para llegar a su venus
Mis besos
no se detenían, exigidos por los gemidos.
Tentación,
imaginación, apetencia, hicieron que sin darnos cuenta…
Ella
entre mis piernas y yo entre las suyas,
La respiración
agitada y deseosa, era la música que nos acompañaba,
Sentí un
quejido, noté sus dedos apretados sobre mis piernas,
Levantó
su cuerpo del suelo como un aluvión de extravío,
Su figura
vestida de arena parada sobre mi rostro,
Me gritó…
soy tuya mi amor!… y me entrego en la boca, todo su calor.
Orlando
Mario Soverchia- YoAmor
martes, 24 de junio de 2025
Muchas gracias por aceptar mi solicitud de mi nuevo Facebook, y espero que te agrade lo que comparto. Muy amable MI RAZÓN
Mi cuerpo está dormido, ansioso.
Mi estado está vendido, divulgado.
Mi sentimiento, tembloroso, estremecido,
palpitante.
Mi mente, en tu figura, no deja de embriagarse
Mi corazón insumiso golpea mis razones.
Todo es soberbio y, como tal, es suficiente con
sentirte.
Todo me atrapa; nada está lejos de lo prodigioso.
Todo se hace uno para alucinarme entre las
estrellas.
Todo se va y nada queda cuando tu amor se aleja.
Todo se transfigura y lo que existe es turbulencia
en mi cuerpo.
Nada quiero volver a sentir sino están tus vestigios
en mi piel.
Nada pretendo fuera de lo real, pero sí encandilar
mis ilusiones.
Nada es cruel para mi corazón, pero es soberano
frente a mis pensamientos.
Nada me pesaría a tu lado y casi todo lo sobrellevaría
alborozado.
Nada es todo en mí, y todo ese nada sería el final
de mi razón.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor
sábado, 10 de mayo de 2025
COMO ERES Y QUE HACES
Eres la mujer pervertida,
lujuriosa y trasgresora de los instintos.
Me calientas y me excitas con tu
presencia.
Me abochornas con tus juegos.
Me tientas sin pedir permiso.
Me entregas las tentaciones sin grises.
Me embriagas con el temblor de tus manos.
Me debilitas con la curva de tu sonrisa.
Me derribas con tus caricias sin control.
Me enloqueces con tus besos de tentación.
Me saboreas cuando me pierdo en tus entrañas.
Me tientas a la locura sin igual.
Me juegas con tu mirada desencajada.
Me quitas todo poder.
Me haces tuyo, sin medida.
Me aprietas sobre tu cuerpo sin límite.
Me hablas jadeando en mis oídos.
Me dejas tendido sin respiro.
Me amas hasta que mi existencia muere
feliz.
Me eres fiel, sincera y afable sin condición.
Cada segundo, cada momento, cada día,
te prefiero como mujer degenerada de amor
y leal,
que mil putas juntas,
me engañen con sentimientos falsos.
Orlando
Mario Soverchia- YoAmor
jueves, 8 de mayo de 2025
domingo, 16 de febrero de 2025
EL ABUELO
La vida es una narración, tiene una mayúscula y el punto final.
Pero hay principios y finales que narran los errores que lastiman.
Comenzamos siendo indefensos, inconscientes, dependientes y queridos.
Todo es mayúscula: tolerancia, palabras y enseñanza.
La supervivencia se va formando con historias, matices, sentimientos.
Todos advertimos y escribimos oraciones con nuestro recorrido.
Hasta que el papiro amarillento y gastado por el tiempo se va
completando y poca tinta quedan ya, más las inseguridades del pulso.
He aquí que el ser humano llega a la vejez, y nadie quiere leer su
existencia, porque aquí comienza la sencilla y cruel historia del abuelo.
En la actualidad, esta es una familia formada por el abuelo viudo y adulto
mayor, pero con ciertas incapacidades. Tiene cuatro hijos, tres varones y una
hija, que fue la segunda de los herederos. Él vivía en su propia casa solo,
pero los inconvenientes que el tiempo nos arrastra empezaron los debates sobre
que no podía seguir en su soledad. Esto llevó a muchas charlas entre ellos sin
que el padre los escuchara. – ¡Así no lo podemos dejar, es un peligro!, - Si,
pero yo no quiero que valla a un geriátrico, ni para que nos saquen manos los
demás - Y bueno, pero en mi casa todos trabajamos, además tengo los chico como
ustedes también… Todo se hizo una pausa, miradas cruzadas buscaban quién decía
algo y pregonaba alguna solución. Y como casi siempre pasa, la historia
apareció cuando su hija, siendo mujer y una de las mayores, teniendo lugar y no
trabajaba, las miradas cómplices de los hermanos la señalaron como la indicada
para que el papi se mude a vivir con ella. Así que sin reproches y
desaprobaciones, se instaló y todos fueron los ingenieros de la solución
pacífica que a la mayoría no les afectaba.
Por supuesto, el fin de semana, reunión de familia, todos a una hora
estipulada del media día de domingo, época primaveral envejecida, por eso ya la
temperatura empezaba a madurar. El anfitrión del lugar (la hija), responsable
del cuidado y prepararlo, comenzaba a levantarlo muy temprano como a las 7.30
de la mañana para asearlo, irónica expresión, casi sin sentido para el anciano
porque durante la semana eso no pasaba. Se encargó de prepararlo con mucha
dedicación y así le quedaba tiempo para preparar todo para los invitados. Después de llevarlo al baño y sentarlo en una
silla de plástico, le tiraba agua con una jarra, el agua le erizaba la piel y
sus músculos se tensaban, él casi sin poder moverse se estremecía por la caída
sobre su cabeza y tratando de entender que su supuesta hija le hablaba en voz alta:”¡Refriégate
mejor!”. Pero el abuelo apenas podía mover un poco la mano izquierda siendo
diestro. Por suerte, apenas cinco minutos le alcanzaron para creer sentirse
seco, aunque parte del cuerpo seguía húmedo. Primero le puso un calzoncillo
largo, una camiseta de mangas largas con cuello redondo y botones, una chalina
en el cuello, pues ese día, a esa hora de la mañana, había un poco de brisa, y
una gorra por no tener pelo y para que no le hiciera mal el sol. Él, poco
hablaba, casi nada, sus manos, arrugadas junto a sus dedos, sobre sus piernas,
algún balbuceo con palabras cortas y poco entendibles.
Era apenas las 9,00 de esa mañana, lo sentó a la mesa y casi al instante
le trajo un plato de acero inoxidable con sopa llena de vitaminas y verduras.
El adelanto del almuerzo se realizaba en ese momento, porque después estarían
todos y como algunas veces se le deslizaba algo de la comida y lo tenía que
limpiar con una servilleta, no quería que los chicos y los demás vieran esa
situación. Además todo fue muy acelerado; en veinte minutos, el viejito se tuvo
que tragar, gustase o no, toda la comida en ese tiempo y sin poder decir casi
nada.” LISTO” vamos. Lo sacó fuera de la casa, lo sentó en la punta del patio,
lo arraigó como un árbol viejo y olvidado, apoyado sobre un tapial sin algo de
sombra, para que mirara como jugarían los nietos a la pelota. Por supuesto, a
nadie le importó la hora a la que lo llevaron y el tiempo que faltaba para las
llegadas de los comenzales invitados semanalmente, de un acontecimiento
periódico y hasta de hábitos familiares.
Todos llegaron demorados, pasado largo de
las 13.00, porque la mayoría había estado reunida la noche anterior en otro
lugar. Los nietos. Preocupados por correr detrás de la pelota, ni se dieron cuenta
de ese viejo plantado en ese lugar como una cruel decoración del jardín. Cada
tanto lo golpeaban con el balón y las risas conjuntas de los chicos que, según
sus padres, comentaban: “Miren como se divierten con el abuelo”. ¡Imbéciles! No
se entretenían, ni se daban cuenta que lo burlaban. De pronto, uno de sus nietos con un grito
quejoso y burlón dijo. “Mamá, mirá como se cagó y se meó el abuelo y no dijo
nada… Las moscas lo rodeaban y se le metían en la nariz y la boca... Uf, ¡que
olor!, no se puede estar acá, sáquenlo de aquí, vociferaban entre cara de asco
y risas. Todos salieron al patio, con gestos de repulsión, se miraron uno con otro
y se decían: “¡Y ahora qué hacemos?”. “A mí no me miren que no soporto eso”, otro
con repulsa, comentó: “Pero como lo dejaron con este calor tanto tiempo…”. El
reproche no se hizo esperar: Y bueno che, hubieras venido vos a vestirlo, yo
estoy todo el día limpiándole el culo. Un tercero: “Bueno, dejen de discutir y
lo que vamos a hacer es tirarle unos baldes de agua, así algo se limpia y
después vemos si mi cuñado… ¿eh? “Che, que tengo que ver, el problema es de
ustedes”. “Está bien, lo metemos con silla y todo bajo la ducha”. Al abuelo
terminaron tirándole más agua con una manguera, como un automóvil, teniendo la
ropa puesta, hasta que algo de su suciedad desapareciera. Luego le pusieron los
pañales y a las 16:00 de la arde lo acostaron, porque decían que estaba
cansado. Cansado de sentirse vapuleado, despreciado y humillado.
Ese hombre gastado de sus narraciones
había pasado de moda y ya, con poca visión, no podía poner el punto final,
donde había escrito tanto de sus vivencias y del orgullo de sus hijos.
Orlando Mario
Soverchia- YoAmor
martes, 4 de febrero de 2025
CUAL
FUE MI PRIMAVERA…
Estoy
rendido a mí tiempo, sentado en un lugar cualquiera de mi mundo, contemplando
la vida a mí alrededor. Mis ojos perdidos en los vaivenes de la existencia,
instintivamente, la mano se recuesta en la mejilla, dejando mi cabeza reposando
los pensamientos. Se atropellan por querer llegar primero, pero todos tienen su
tiempo, su lugar, su vivencia. La tarde de primavera canta su llegada y el
colorido visible, acaricia la vida en mi rostro. El corazón corretea con los sentimientos
encontrados, todo es brisa, sol, bullicio lejano de seres viviendo el momento
que se ha detenido por molestas memorias. Contemplo flores danzando con el
vaivén del viento, el perfume impregna mis neuronas, donde la mente pincela
paisajes de amores. El aura hace su música, los árboles bailan al compás de su
pantomima. La naturaleza en plenitud retoza de un lugar a otro, como su propia
libertad lo exige. Ciento ruidos a mi lado, casi sin darme cuenta lo ignoro,
creyendo que es parte del instante que estoy palpando. Era una niño, con sus
ojos celestes como dos pozos sin fondo, donde se hundían mis propios miedos y
anhelos, pestañas largas y una carita angelical yacía junto a mí. Era un recordatorio de que la vida, a pesar de todas sus dificultades,
seguía siendo hermosa. “Se
inclina, me mira, una sonrisa dulce, pura y tierna.- ¿Estás solo?... Una
increíble figura de apenas cuatro añitos colmó mis ojos, su cabellito rubio
enrulado abanicando las expresiones esperaba mi respuesta, sonrió, su
cuerpecito movedizo, tendió su manito sobre mi cabeza, recibió mi sorprendida
sonrisa donde respondo un. – Sí ¿Me quieres acompañar? … Sin repetirlo, aceptó
la invitación, su vocecita me arrolló con un… -(¿Porque estás solo?... una pequeña
pregunta y que gran sentido… Mi ser perplejo al sentir que alguien con tan
virgen pureza pudiera sacudir mi estado… mi pregunta interior -¿Quién era? ¿Porque
aquí? Mi fortaleza debilita, mi voz casi cerrada y confusa, vuelve contestar, ¡Solo
no!, con mi soledad… y respondió -¡Pero yo no la veo! -Es que siempre está
conmigo y nadie la ve. En ese momento se forjaron todas mis primaveras, de
la niñez, adolescencia, juventud, hombre y adulto. Todo se fotografió en
diferentes horizontes, de igual manera el interrogatorio apresurado con
frescura y ansiedad, estaban en mis oídos, como un cumplido respondía casi de
memoria ante la niñez. Todo era extraño, alguien me enfrentó en donde estaba… Yo,
sin saber qué hacía ahí, comprobé que en verdad, ya no tenía primavera, le pedí
un favor al viento cerrar mis ojos, para no derramar una pequeña lágrima que acompañaba
mis párpados y un sensible revuelo me hizo saber, que mi pequeña compañía acudía
a un llamado que no escuche y todo se desvaneció. Su imagen la perdí en la
distancia, traté de visualizarla mejor, pero nada cerca existía, fue que ese
ser pequeño, no fue más que mi alma, que nacía entre los recuerdos de mi vida. En ese instante, comprendí que la soledad no era una condena, sino una
oportunidad para reconectar con mi interior y descubrir un nuevo significado en
la existencia. Nunca
supuse que los sentimientos acumulados en mi alma, se desvanezcan o se alejen
de mi corazón, para luego desesperadamente corran tras ellos, cuando toda una
vida, busque mi lugar para amar.
Orlando
Mario Soverchia- YoAmor D/R
derechos reservados
jueves, 30 de enero de 2025
SEÑORA
MÍA
Una noche bailando,
llamaste mi atención
Dando vueltas con
desesperación.
Ponías en mí, toda mi
preocupación
Sin dejarme más que mi
decisión.
Buscando
tú figura sin contemplación
Escapando a toda mi
seducción
Tú cuerpo moviéndose sin
parar
Intrigados mis sentidos
para especular,
Corría yo de un lado a
otro sin pensar
Nada podía yo contemplar
Sin que tú llegases a
impacientar
Todo mi tiempo sin
vacilar.
Llevé mi cuerpo despacio
hacia el encuentro
Quedando parado como un
estorbo
Pensado si aún tú fueras
mí logro.
Dejando mis ojos reposando
sobre tus hombros
Entrando y saliendo de mis
pensamientos
Analizando hasta donde tú,
querías mí gesto.
Tú ritmo sin frenesí,
contagiaban a tu alrededor
Miradas que iban y venían
con mucho fervor
Sonrisa y canto jugaban
entre tú esplendor
Ganando premura y más
admirador
Dejando algunos diciéndole
por favor
Y nadie podía llegar sin
poseer temblor.
Junté muchas fuerzas y un
tanto de orgullo
Sintiendo a mí paso
seguridad y algunos murmullos
Nada detenía mi pausado
progreso
La distancia acortando los hechos
Jugado a mi instinto sentí
mis derechos
De aquella mujer, que
observé de lejos.
Acerqué mi cara con mucha
cautela,
Un tanto nervioso solté mi propuesta
Tu mirada un tanto
extraviada,
Asintió sin poner resistencia
Tomé tu cintura para
sentir tu figura
Y jugando a los novios
formamos pareja.
Palabras cortadas y
algunas confusas
Poníamos nuestras caras,
cercas y melosas
Tu perfume y el mío
mezclaban las almas
Sonrisas y miradas,
acompañaban las charlas
Llegando a contarnos
vivencias pasadas
Y sin darnos cuenta,
reunimos las nuestras.
Observando tus ojos y
mucho tu boca
Solté mis elogios por cuanto provocan
Reíste y devolviendo con
otras estrofas
Todo lo hermoso que una
mujer corteja
Respondiendo lo mismo y
con grata sorpresa
Aceptando sin miedo mis
libres propuestas.
Llegamos a amarnos,
despacio y con tiempo
Recorrimos los cuerpos
jugando al intento
Sabiendo que nadie sabía
lo nuestro
Buscamos en cada
movimiento y pensamiento
Concierto de amores, para un
gran momento
Tal vez, sin imaginar otro
gran encuentro.
Orlando Mario Soverchia- YoAmor
RACIOCINIO
Son
desmedidos los desencuentros
y
sobrados los secretos que nublaron mi ser.
Sostengo
los engaños admitidos,
como un
frágil patrimonio de amor,
construido
sobre cimientos de mentiras.
Cada
promesa incumplida, cada mirada evasiva,
apuñalaron
mi confianza y ahora las grieta en nuestro vínculo,
son
demasiado profundas para ser ignoradas.
Mi
alma necesita transparencia, mi corazón de conciencia
Y compartir
mis sueños con un día de luz, de una verdad sincera.
Nada
tiene sentido, cuando tu cuerpo es ajeno al mío.
Los
momentos son de eternas esperas sin concretar,
y los
deseos, en espinas que torturan hasta enloquecer.
Quiéreme
como quieras, pero déjame ser yo mismo,
en
dejarme cuidar mi alma herida.
Y quizás
algún día nuestros besos,
serán
recuerdos imborrables,
que ni
mi propia existencia,
creerán
que fueron reales.
Orlando
Mario Soverchia-YoAmor D/R



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