Mujer de los recuerdos
¿Dónde estás, muchacha,
con tus jóvenes 50 años?
Tu imagen no se detiene
ante la vida, pero sí tu mirada.
Dejas que el tiempo
pase y lo sigues con mucha pasión.
Nada le pides ahora, ya
que mucho te ha quitado.
Y nada necesitas ahora,
más que nuevos amores tiernos.
Sueltas tus movimientos
y la fatiga para jugar con ellos.
Tus ojos están ahí, como
siempre, grandes y llenos de luz.
Tu corazón, pisoteado como
las hojas de otoño en la vereda de tu vida,
lo alejas de tus intentos
sensibles mal reconocidos.
Cada estado del tiempo,
muere una y otra vez, cuando ya no te veo.
Siento espacios muy
lejanos sin persistencia, logrando malos vientos.
Estoy a tu lado con mi
esperanza casi vencida, pero llega la vergüenza
que no me deja pensar
que todo fue real y no un sueño.
¿Cómo te siento en mis
brazos sin saber qué es lo que piensas?
Sin embargo, abrigo el
calor de tu cuerpo junto al mío,
y mis manos acariciando
tu cintura y tu piel, sintiendo
el erizo derramándose
por doquier y tu boca deja vencer
mi locura, que habla
para la nada y lo invisible del sentimiento.
Deja la sorpresa y la
confusión en mi mente ya reposada,
pero nada se aleja sin
que tu imagen y tus recuerdos
vuelvan a mí a cada
instante ante mi soledad,
y acompañen con tu
figura imaginaria las caricias del amor.
Orlando Mario Soverchia

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